EL ENCAJE

El encaje, tejido ornamental y transparente, tradicionalmente hecho a mano, que se adorna con bordados. También existen hechos a máquina.

Se llama encaje porque al principio, se solía hacer entre los bordes de dos tiras paralelas de lienzo, como si fuera una labor encajada entre ellas y  suele bordear a otra pieza. Por esto y por terminar en picos o dentellones, se conoce también con el nombre de puntilla  aunque este nombre se aplica en España sólo a los encajes pequeños y dentellados.

Dibujo o bordado; que ofrece forma geométrica en sus comienzos y en el normalmente se representa la fauna o flora natural. la red sobre la que se destaca el anterior. Está constituida por un conjunto de bridas que unen los dibujos entre sí, las cuales forman en muchos casos una verdadera red de cuatro o seis lados. Algunas veces, los hilos de unión llegan a ser tan cortos que los dibujos se tocan entre sí, dejando espacios calados y sin bridas.

Los trazos del dibujo o bordado son frecuentemente llenos y tupidos. A menudo se disponen de modo que sólo el perfil aparezca firme, ya de relieve, ya llano, quedando el espesor o interior de dichos trazos hueco y relleno o nutrido con una red fina.

Los hilos preferidos para los encajes son siempre los de seda y lino por su finura y resistencia,  sólo para encajes o puntillas más vulgares se hace uso del algodón o equivalente. Con ellos, se unen a veces, algunos hilillos de plata u oro para realzar el dibujo. Se llama blonda al encaje de seda.


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Por el medio o instrumento con que se elaboran los encajes se distinguen varios tipos:
  • Al bolillo.
  • A la aguja, que es de labor más fina y costosa y suele presentar algún mayor realce que el anterior.
  • Ambos pueden suplirse en parte por el ganchillo que produce una labor más gruesa y menos artística
  • Mecánico,  desde el siglo XIX hay máquinas que imitan los encajes hechos a mano.

Con los procedimientos mencionados pueden obtenerse las distintas clases de labores:

  • Un tejido de redecilla o tul (cuadrada o hexagonal) sin más.
  • Un tejido de redecilla con dibujos y figuras, o encaje llano.

Un tejido de redecilla con dibujos y figuras por separado para unirlas después al tejido de fondo, o encaje de realce, por el relieve que presentan. Este tipo de encaje, llamado también de aplicación, se forma uniendo, por medio de la aguja, las figuras hechas aparte (de encaje), a un fondo reticulado o a un lienzo.

El origen histórico del encaje se fija por lo general a mediados del siglo XVI y  nació en Venecia. Pero si se considera encaje cualquier tejido transparente y bordado, hay que remontarse a las antiguas civilizaciones de Oriente para encontrar sus primeros vestigios.

Se pudieron fabricar en la antigüedad bordados sobre telas transparentes, al igual que sobre piezas tupidas y hasta llegar a formarse mallas de pasamanería con adornos, de todo lo cual hay indicios y noticias; así la historia del encaje se confunde con la del bordado. Pero según la definición de encaje, se supone que es más reciente habiéndose disputado su paternidad venecianos y flamencos a mediados del siglo XVI. Sin embargo, en España ya se ejercitaban las labores de encaje de aguja y al bolillo medio siglo antes en varias poblaciones de España y con seguridad procedían de los conventos de monjas.

El extraordinario y creciente uso que se hacía de estas manufacturas en los siglos XVI y XVII para lechuguillas o gorgueras, cuellos, vuelillos en las bocamangas, cortinajes, etc. Contribuyó grandemente al desarrollo de esta industria y a que se fundaran centros muy activos de la misma, durante ese período en toda Europa, sobre todo, en Italia, Francia, estados flamencos, Inglaterra y España. En el siglo XVI, después de haber bordado sobre tela de lino, entresacado hilos y bordados, recortado la tela y rematado con bordado el troquelado, las hilanderas italianas empezaron a dejar hilos colgando al final de la tela y bordar sobre dichos hilos. Dando así el nacimiento del punto in aria o punto de Venencia. El éxito de esta técnica llego muy pronto a toda Europa. En el siglo XVIII la moda del encaje era inmensa. En Francia, Sully y más tarde Richelieu, lo intentaron prohibirlo, llegando a limitar su comercio a los grandes productores de Francia y Flandes. Colbert fue el primero en darse cuenta de que la producción propia del encaje podría dar grandes beneficios para Francia. Consiguió traer de Venecia a treinta randeras a las que se encargó la formación de obreras, permitiendo un par de años después que los centros de Normandía y Borgoña pudieron competir con el extranjero.

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